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Nº I

- Se trataría de reconocer que el Dinero no puede permitirse que hablemos. No sé esto cómo te suena, así de pronto.
- Pues no sé: un poco raro. ¿Qué quieres decir con el Dinero? ¿El Capital?
- No, no; quiero decir el Dinero, directamente. Porque al hablar de cosas como el Capital o así, pasa una cosa: que el Dinero propiamente se va de rositas (o sea, no se va, se queda tan tranquilo). Porque se hace como si fuera lo más normal del mundo que esté esa cosa ahí del Dinero, y que el problema sea algo por encima: el Capital, por ejemplo.
- Bueno, pero es que el Capital es eso: el Dinero.
- Pues si es eso, ¿para qué hablar de Capital cuando tenemos la palabra más clara ahí: el Dinero?
- Pero es que a lo mejor no son exactamente lo mismo. No sé... El Dinero en sí no es bueno ni malo, depende cómo se use.
- O sea, ¿tú crees que es la gente la que usa el Dinero? Más bien parece que el que mueve a las gentes de acá para allá es el Dinero. O sea, que es el Dinero el que usa a las gentes. Pero como ahora te quería hablar de que el Dinero lo que quiere es que no hablemos, podemos aparcar la cosa de quién usa a quién, e ir viendo.
- No. Pero es que si sigues diciendo así: que el Dinero quiere esto o lo otro, entonces no lo aparcas, porque le das una intencionalidad que en sí no tiene. La acumulación de dinero en pocas manos desde luego sí que le podemos ver mala intención (¡malísima!), pero a eso es a lo que se llama Capital. O sea, que sí hay que distinguir entre Dinero y Capital. El Dinero en sí mismo no quiere nada; depende de cómo se use.
- Bueno, si te empeñas, podemos ver un momento esto que dices, a ver si puedo desanimarte.
- ¿Desanimarme de qué?
- De que creas que sabemos lo que es el Dinero. Porque si pretendes discutir si se usa bien o mal, das por supuesto que es una cosa que está ahí delante, y que sabemos lo que es. Como si fuera un chopo o algo así.
- Bueno, pero tú cuando dices que el Dinero no quiere que hablemos, también das por supuesto que se sabe de qué se habla y de que es algo que esta ahí, ¿no?
- No igual. Es verdad que siempre que se usa una palabra, de alguna forma se cuenta con que se sabe lo que es. Pero al ir usándola, además, se puede o confirmarla más (o sea, no meterse con ella) o, al contrario, dudar de ella; desconfirmarla; dislocarla (o sea, atacarla). Y creo que empezar diciendo que el Dinero no quiere que hablemos, más bien hace eso: nos da que hablar. Decir que el Dinero no es ni bueno ni malo... más bien no da nada que pensar. Lo podrían decir hasta en la tele... Pero
bueno, aun así vamos a ello: Cuando dices que el Dinero se puede usar bien y se puede usar mal, hablas, efectivamente, como si fuera una herramienta cualquiera: como un destornillador, por ejemplo. Pero cualquier herramienta que admite decir de ella que se puede usar bien o que se puede usar mal, parece que tiene que admitir también otra cosa.
- ¿Cuál?
- Que se puede no usar. ¿No?
- Bueno, pues supongo que sí. Podrías no usar el Dinero, no veo problema.
- ¿No ves problema? Pues qué raro, porque lo que nos dicen a cada momento es que, queramos o no, al Dinero (a la Economía) le tiene que ir bien. No nos dicen: bueno si le va mal al Dinero, pues da igual, con no usarlo: sino que hablan de pestes, catástrofes, miedos, ruinas, futuros... Me parece que eso sólo es posible en tanto en cuanto lo que se diga es que no hay más remedio; que hay que usarlo.
- Sí, si en realidad ahora es así. Pero estamos hablando de si es el Dinero propiamente el culpable o cómo se usa ahora.
- Bueno, eso ya cambia bastante a cómo lo decías antes. Porque dabas a entender que ahora se puede usar bien o mal. Pero si no, si reconoces que ahora no se puede usar bien... ¿lo reconoces?
- Pues, no sé. De lo que se trataría es de usarlo bien.
- Ya. Pero usar bien ¿qué? Ahí está la cosa. Porque si dices, como dices, que es una herramienta, que en sí no es ni bueno ni malo, y que por tanto está en nuestra mano usarlo (porque no quieres admitir que Él es quien nos usa), pues entonces no sé qué problema tenemos para usarlo bien ahora o, en último término, no usarlo. Cualquier herramienta que esté ahí, en la medida en que la vamos conociendo y usando con más habilidad, nos irá siendo cada vez más útil. Si no, nos apartamos y ya está. O sea, no la usamos. Quizá otros la sepan usar bien y les dejamos a ellos para que la herramienta nos sea útil.
- Pues eso también pasa con el Dinero: tiene sus expertos que lo saben manejar muy bien y les va muy bien a ellos.
- ¿Les iría bien si el resto no usara esa supuesta herramienta que no saben usar? O sea, si fuera una herramienta, como dices, los que la supieran usar bien no necesitarían que los que la usan mal la usaran (mal). Pero sí lo necesitan, desde luego. El Dinero se nos impone como necesario (como que no puede no usarse) y eso, por tanto, no puede ser algo inocente o inocuo. No puede ser una herramienta que usemos cabalmente. Será otra cosa.
- Ya. Habría que hablar más.

(Pablo. Salamanca, enero 2013)

4 comentarios:

  1. ¡Hola! Hoy en la facultad de historia, ley este texto en el tablón de anunció y me encantó. Sobre todo la frase que dice "El Dinero en sí no es bueno ni malo, depende cómo se use."

    Me ha surgido curiosidad y quiero ver como se se va desenvolviendo el hilo de este blog.

    Te sigo (:

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    1. Me alegro de que me acompañes en esto y de que escribas. A ver si de la frase esa que te encantó hacemos que te desencantes un poco. Salud y amistad,

      Pablo.

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    2. muy bien esto de atacar al dinero y no perder tiempo con las personitas individuales
      Miguel. Salamanca

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  2. Pues a mi en esto del dinero me asalta la duda de si la calderilla que manejamos la gente corriente, ésa que nos sirve para comprar el abono transporte, un cafelito, el pan, una entrada, tal vez el coche (lo de una casa son palabras mayores), si ese dinero es el mismo que el usado para ir a la luna, hacer el AVE o llevarse a Suiza. Y me alcanza esta duda porque parece que ese dicho de "un grano no hace granero pero ayuda al compañero" cabría decirlo de los dinerillos contantes y sonantes, pero no así de lo que son cifras de ceros, a la derecha, claro.
    Y así se me aparece el dinero "del mes" como un doble engaño: el que tasan para malvivir (pues es tan poco que no llega pa ná), pero a la vez sirve de anzuelo para fijarnos en el otro, el gordo, y tenerlo presente como algo alcanzable y por tanto deseable.

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