Índice


Índice:    I   II   III   IV   V   VI   VII   VIII   IX   X   XI   XII   XIII   XIV   XV   XVI   XVII   XVIII   XIX   XX  

Nº XX

- Si por ejemplo digo: "Estas son las características del viaje que te ofrecemos". ¿Esa frase, la entiendes bien?
- Sí, claro.
- ¿Y la de: "Los componentes de la leche son éstos"?
- También.
- ¿Y esta otra: "Se van a describir a continuación los rasgos de un niño autista"? ¿Se entiende bien?
- Claro, es muy normal escuchar algo así.
- A ver ésta: "Los ingredientes de la lasaña son los siguientes". ¿Quién no lo entiende?
- Todo el mundo.
- Otra: "Vamos a hablar de las propiedades curativas del hinojo". ¿La entiendes bien, no?
- Claro, claro.
- ¿Y la de "Conoce los síntomas por los que puedes descubrir a un maltratador"?
- También la entiendo. Pero, ¿a cuento de qué todo esto?
- A eso voy, pero espera, todavía tengo más ejemplos: "Los elementos definitorios de la cultura neolítica son éstos" o también "Los atributos fundamentales de una terapia ocupacional eficaz son los siguientes" ¿Las entiendes también?
- Bueno, creo que sí. ¿Pero qué pasa con esas frases?
- Eso: que las entendemos muy bien, según parece. Esas palabras como características, rasgos, propiedades, atributos, elementos, síntomas, ingredientes y demás, son de uso cotidiano en el colegio y entre los cultos, incluida la jerga comercial. ¿Y qué quieren decir?
- Pues no sé, vienen más o menos a significar algo como "el conjunto de cosas que se identifica como costitutivo o definitorio de alguna realidad".
- Sí, eso puede valer. Entonces entendemos esas palabras tan bien porque están declarando la idea que tiene cualquiera de la Realidad. Me refiero a esta idea tan simple: que la Realidad se comopone de cosas distintas, de realidades, y que cada una de esas realidades está separada de las demás y tiene unos rasgos que la caracterizan.
Esos rasgos, para cosas que sean de la investigación científica o culta, los conocerán los científicos y los cultos; y en las cosas que sean vulgares, normales, los conocerá la gente desde no se sabe cuándo. Por ejemplo, la gente sabría que los componentes principales de la lechuga son las hojas, el tallo y la raíz. ¿No?
- Sí, supongo.
- Y sin embargo -y aquí viene el chasco- en la lengua normal, llana, vulgar, no culta, no escolar, no hay ninguna palabra para decir algo parecido a eso de rasgo, componente, propiedad, elemento, etc.
- ¿No? ¿Y por ejemplo 'parte'? Parece una palabra llana.
- Sí, 'parte' es llana. Pero hablar de cuáles son las parte de algo, en cuanto a un conjunto definitorio, como decías tú, es una forma puramente escolar. La gente no dice "¿Cuáles son las partes de la abeja?". Eso lo dicen los maestros.
- O sea, entonces, ¿qué quieres decir con esto? ¿Que la gente no sabe que las hojas y el tallo y la raicillas son las cosas que componen la lechuga? Parece que los analfabetos que andan con lechugas lo saben muy bien. Parece assurdo decir que no.
- Sí, por eso es tan chocante. Pero fíjate tú mismo, ahora: para decir esto de lo que hablamos, aunque intentabas decirlo a lo llano, no has podido: has tenido que decir "las cosas que componen la lechuga".
- Bueno, podía haber dicho: "Las cosas que tiene la lechuga", sin lo de "componer".
- Sí, pero ya se siente que no sirve; que se dice otra cosas. La gente puede decir "¡Cuántas hojas tiene esa lechuga!"; pero también "¡Cuántas moscas tiene esa lechuga!". En ninguno de los dos casos hay esa pretensión de dar una definición cerrada: siempre puede tener más y más cosas; siempre puede dar más y más que hablar. E incluso en el segundo ejemplo, sirve para hablar de cosas que realmente no son de la lechuga (las moscas), y eso con 'componer' no podría hacerse en assoluto.
- Bueno, porque 'tener' tiene signficados muy distintos, es una palabra que sirve para muchas cosas. Pero la gente sí que habla y se pregunta por cómo son las cosas. Puede que no diga "¿Cuáles son los componentes de una empanada?", pero sí pregunta "¿Qué es una empanada?".
- Sí. Y también "¿Cómo se hace la empanada?". Pero a las dos preguntas les pasa lo mismo: que pueden dar que hablar sin fin. Y las dos pueden servir para hablar de cosas que componente o rasgo no podrían admitir nunca. Por ejemplo, se puede decir "La empanada es una comida". Y para el ¿cómo?, puede decirse "La empanada se hace en el horno".
- Ya, pero también se puede preguntar llanamente por los ingredientes de una comida. Se puede decir "Esa empanada ¿qué lleva?". O "¿Qué tiene esta salsa tan rica?".
-Sí. Y también "¿De qué esta hecha la salsa?". En estos ejemplos, igual: falta el nombre que buscamos, el que valga por ingrediente. Sólo tenemos ese "¿qué?", abierto, para hablar sin fin.
- No sé. Creo que aquí me has embrollado. La gente dirá eso de los rasgos o los componentes de otra forma. No lo veo claro.
- Sí, sí, si es muy chocante. Yo cada vez estoy más asombrado con un descubrimiento tan tonto. Porque, por otra lado, decíamos que esas palabras cultas las entiende todo el mundo, ¿no? O sea, que cualquiera está informado de la estructura tan simple que pretende tener la Realidad.
- Sí.
- Pero parece que la gente (que es la que hablaría a lo llano) no admite lo que sabe todo el mundo. Que no haya palabra, lo muestra.
- No sé. Creo que hay que seguir hablando.
                  (Pablo. Madrid, mayo 2016)

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada